A mi juicio, el éxito de esta estructura de actuación en las economías modernas tiene una derivada no percibida por Galbraith: que en la estrategia participan tanto las corporaciones como las instancias reguladoras. 

En el caso de España, esto es cierto a la vista del Ibex 35, donde la presencia de empresas que no operan en sectores regulados es minoritaria, y abrumadoramente evidente en el caso de los bancos. Contar con un esquema como éste evita que haya que emplear la coacción explícita, tanto para resolver situaciones de emergencia económica como para determinar, en el día a día, qué tipo de bienes debemos comprar, en qué cantidad, calidad y precio. Hemos producido artilugios prodigiosos para defender el perímetro inmune de estas dos relaciones de agencia, para los directivos empresariales, la judgement business rule, para los reguladores, la bendición legal de independencia y objetividad.