España ejerce un magnetismo impresionante para la mayoría de los que nos visitan. Andalucía destaca con luz propia y probablemente representa lo que el mundo imagina, desde Japón hasta Tierra del Fuego, que es España.
En Andalucía hay numerosas ciudades sencillamente deslumbrantes. Sevilla brilla con luz propia por su protagonismo histórico en la gesta americana, por su patrimonio y, aún más, por su cultura y estilo de vida, que los sevillanos de hoy mantienen con formidable vigor.
Visitar Sevilla es siempre una buena oportunidad para reforzar la alegría de vivir. Este año he podido estar dos veces. La segunda fue con un motivo académico. El decano de la Facultad de Derecho de la Universidad Pablo de Olavide, César Hornero Méndez, me invitó a participar en la ceremonia de graduación conjunta del Grado en Derecho y del Doble Grado en Derecho Hispano-Alemán con la Universidad de Bayreuth.
No le conocía, pero, según me dijo, leyó mi libro Sobre el imperio de la ley y me llamó para invitarme a ser el padrino de las dos promociones: una más numerosa, la del Grado en Derecho, y la otra, la del Doble Grado, más pequeña.
En mi intervención traté de recordar el propósito de un jurista y hablé de las redes de apoyo de cualquier persona. De la necesidad de estar conectado con uno mismo para conectarse a la comunidad y poder defender la dignidad humana, solo protegida integralmente allí donde hay imperio de la ley.
Allí estaban, acompañándolos con sus mejores galas, las familias de los jóvenes graduados y sus mejores amigos.
Para mí, lo más interesante fue escuchar a los cuatro jóvenes graduados que hablaron en nombre de los dos grupos. En ambos se percibía que el espíritu universitario de aprendizaje y descubrimiento ya estaba dentro de ellos. Quiero imaginar que para siempre.
Sentido del humor y camaradería, además de satisfacción por el deber cumplido, fueron las notas dominantes.
Me llamó mucho la atención la intervención del graduado alemán. Su sueño era vivir y trabajar en Sevilla, vincularse para siempre con Andalucía. La colosal cultura alemana, representada por un joven jurista, rendida ante el encanto y la potencia del estilo de vida, que no otra cosa es la cultura, de Andalucía.
Sí. España y Alemania son países hermanos, con profundos lazos históricos que van mucho más allá de la dinastía de los Habsburgo y que se mantienen vivos hoy, gracias, entre otros, a este programa de Doble Grado en Derecho de la Universidad Pablo de Olavide y de la Universidad de Bayreuth.
Este año, Bayreuth ha estado especialmente presente en mi vida. En mi libro Sobre el imperio de la ley, el autor más citado es el profesor Peter Häberle, recientemente fallecido, que ejerció su magisterio en Bayreuth.
Por otro lado, el festival de ópera wagneriano me llevó a visitar la ciudad por primera vez. Y, finalmente, este Doble Grado en Derecho me permitió descubrir, o al menos intuir, lo que es estudiar Derecho en Sevilla.
Así también se construye Europa, así también se promueve la paz, así también se cambia una vida y se transforma el mundo.
Javier Cremades, Presidente de la World Jurist Association
