La historia de Alemania esta jalonada de luces y sombras, tragedias y milagros. Su camino democratico es un aprendizaje continuo de memoria y dignidad, que conviene atender, porque todos los paises tenemos tanto flores como cadaveres en el armario.
El ultimo capitulo de la dificil rememoracion alemana ha sido el 150 aniversario del festival de Bayreuth, el evento cultural mas importante del pais y del patrimonio musical europeo, inevitablemente asociado al periodo mas oscuro de la historia del siglo XX. Hitler admiraba profundamente a Wagner: las obras del compositor y el propio festival ocupaban un lugar destacado en la propaganda y actos oficiales.
La preparacion de este aniversario ha sido una muestra de genialidad, tanto artistica como politica; un ejemplo de como la reconciliacion necesita afrontar el pasado para superarlo.
En su discurso inaugural el canciller Merz recordo que Alemania fue antes una nacion cultural que una nacion politica. Su presencia queria significar que Alemania nunca renegara de Wagner, quien transformo el genero operistico, pero tampoco dejara de recordar que el antisemitismo ya no tiene espacio en la vida publica alemana.
El ministro-presidente de Baviera, Markus Soder, tambien recordo que apoyar el arte, tambien con fondos publicos, es luchar contra el totalitarismo, en alusion no solo al pasado nazi, sino a sus competidores de la AfD. El conjunto de los discursos, incluidos los de Katharina y Nike Wagner, giraron mas en torno a la responsabilidad historica que a una celebracion convencional del compositor.
Especialmente significativa fue la participacion, por primera vez, del actual presidente del Tribunal Constitucional Federal de Alemania, Stephan Harbarth. El simbolizo con su presencia la identidad de la ejemplar Republica Federal de Alemania: el unico pais cuya Constitucion comienza con proclamar la dignidad de la persona. El Tribunal Constitucional, la institucion mas prestigiosa del pais, es el guardian de toda la Constitucion y el que mejor puede representarla.
Esta celebracion fue un cambio de tono respecto a decadas anteriores. En el pasado, la estrategia era separar la musica de la politica. En este 150 aniversario se ha hecho lo contrario: la historia del festival, el antisemitismo de Wagner y la relacion de parte de la familia con el nazismo (Winifred Wagner siguio ensalzando la figura de Hitler durante toda su vida, hasta su fallecimiento en 1980) han formado parte explicita del relato oficial de las efemerides.
La dimension moral de la celebracion ha sido una estrategia, basada en la verdad, de afrontar de forma responsable la conmemoracion de un festival, de toda una cultura, con un pasado tan complejo. Esta carga moral recayo en Michel Friedman, judio hijo de supervivientes del Holocausto, gracias a la lista de Schindler, y una de las voces de la conciencia alemana contemporanea. La participacion de Friedman habia sido inicialmente cancelada y luego restablecida tras las criticas publicas. Katharina Wagner pidio disculpas por la gestion del episodio.
Friedman recordo la necesidad de no separar la musica de la responsabilidad historica, del peligro de la indiferencia, haciendo alusiones a la vida politica actual de Alemania, llamando expresamente la atencion sobre la necesidad de defender la democracia frente a nuevos movimientos de odio contra judios, musulmanes, mujeres u homosexuales, que forman parte de una misma logica de deshumanizacion.
Todos los discursos hubieran sido una mera glosa, si no hubieran acompanado a la decision valiente de representar, por primera vez en el festival, la opera ‘Rienzi’, que encumbro a Wagner en Alemania, pero que tambien era la favorita de Adolf Hitler, y que siempre afirmo haber encontrado en ella inspiracion politica. Esto hizo que ‘Rienzi’ quedara asociada al nazismo, aunque fue escrita casi un siglo antes de que comenzara. Pero Wagner renego de su primer gran exito operistico y la excluyo de la programacion del festival, que quiso dedicar a su obra mas transformadora.
La familia Wagner decidio incluirla este ano por primera vez en su historia. Se diseno una version propia preparada para esta edicion de 2026, moderna y contextualizada. Las directoras de escena Alexandra Szemeredy y Magdolna Parditka presentaron Rienzi como una advertencia sobre el auge del autoritarismo y la fragilidad de la democracia. Incluyeron en el programa de mano de la opera un fragmento de ‘La sociedad abierta y sus enemigos’, la obra en la que Karl Popper defiende la democracia liberal y critica las filosofias que segun el favorecen el autoritarismo.
El festival ha decidido que ignorar Rienzi no era la mejor forma de afrontar su pasado. El exito en el publico fue ostensible y la acogida de la critica ha sido mayormente positiva. De esta forma Bayreuth y Alemania quedan liberadas de la parte toxica de Wagner, mientras su figura crece y su mito se engrandece. A ello ha contribuido este brillante, valiente y colectivo acto de conciencia nacional alemana.
El canciller recordo como Thomas Mann, quien en 1933 expreso su admiracion por Wagner, anos despues, ya exiliado, hablo de las complejas y dolorosas relaciones entre el universo wagneriano y el nacionalsocialismo. Su mensaje fue que es posible reconocer la grandeza artistica de Wagner y al mismo tiempo asumir la responsabilidad por la historia de Bayreuth durante el Tercer Reich.
Wagner seguira siendo un genio de la musica a pesar de sus ideas, mientras que Popper se mantendra como un faro de la libertad. Alemania ha abrazado a ambos en Bayreuth para aceptar la complejidad de su historia y superarla como ejemplo para las nuevas generaciones. *